SEMANA 7




Semana del 30 de septiembre – Análisis del emplazamiento

Durante la semana del 30 de septiembre el encargo consistió en la elaboración de una nueva lámina en formato A1. A diferencia de los trabajos anteriores, esta entrega debía realizarse de forma individual, lo que implicó asumir un proceso de análisis y toma de decisiones más autónomo. El objetivo era profundizar en el estudio del emplazamiento escogido, considerando tanto sus características físicas como las dinámicas sociales y ambientales que lo rodean. Dentro de los puntos que debíamos incluir se encontraba la presentación del lugar elegido —o una posible alternativa—, el estudio del entorno inmediato, los flujos de circulación, las condiciones topográficas y ambientales, los servicios presentes, los posibles riesgos asociados, además de definir el usuario, el uso, el concepto y una serie de observaciones y cortes que ayudaran a comprender mejor el contexto.

En mi caso, opté por trabajar en un sector ubicado junto al camino que conduce hacia la ciudad de Laja. Este lugar me llamó la atención por la ruptura que se produce en la trama urbana al alejarse del centro y encontrarse con la topografía. Es posible observar cómo la cuadrícula regular comienza a fracturarse, adaptándose a la topografía irregular del terreno y generando una transición entre el espacio urbano consolidado y el paisaje natural. Este fenómeno de ruptura espacial fue una de las principales razones por las cuales decidí situar mi proyecto en ese punto, ya que me permitió reflexionar sobre cómo la arquitectura puede dialogar con las condiciones geográficas y las variaciones del territorio.

A partir de este análisis, formulé un concepto inicial que titulé “espacios modulares que se expanden irregularmente”. La idea detrás de esta propuesta era imaginar una estructura capaz de adaptarse, generando módulos que se desplazan o abren según las necesidades del espacio o las condiciones del entorno. Sin embargo, tuve bastantes dificultades para definir con claridad a qué tipo de usuario iba dirigida esta propuesta. En un comienzo no comprendía del todo el nivel de especificidad que se requería y eso me generó cierta confusión respecto al uso y al sentido social del proyecto.

Durante la revisión, la profesora me señaló que debía trabajar más en la argumentación del concepto, desarrollarlo con mayor profundidad y conectar de manera más clara las ideas formales con las necesidades del usuario. También me recomendó analizar con mayor detalle los riesgos asociados al lugar y definir un perfil de usuario más concreto, especificando su relación con el uso propuesto. Estas observaciones fueron muy útiles, pues me ayudaron a entender que el proyecto debía plantearse desde una mirada más amplia, no tan local o limitada, sino que con una coherencia general que permitiera comprender hacia dónde se dirigía la propuesta.

Al finalizar la clase se nos asignó el próximo encargo: elaborar un modelo espacial abstracto de pequeño formato, aproximadamente del tamaño de una mano, que representara el concepto trabajado y su relación con el lugar. Este ejercicio buscaba poner en práctica las ideas discutidas en clase y comenzar a materializarlas de manera tridimensional, permitiendo visualizar de forma tangible la estructura conceptual del proyecto.

Semana del 3 de octubre – Modelo espacial abstracto

En la siguiente semana debíamos presentar el modelo espacial abstracto junto con una nueva lámina A1 que incluyera una descripción más precisa del emplazamiento, las características del usuario, el tipo de uso y el desarrollo conceptual. Este trabajo requería comprender el grado de abstracción que se debía lograr, ya que no se trataba de representar el edificio final ni de realizar una maqueta figurativa, sino de sintetizar las ideas principales en una forma que expresara la lógica espacial del proyecto.

En la corrección, la profesora comentó que mi modelo se encontraba aún demasiado bidimensional, lo que me motivó a reconsiderar cómo estaba articulando las distintas direcciones y profundidades del espacio. Me sugirió trabajar los tres ejes y desarrollar una volumetría que evidenciara el movimiento y la expansión que proponía el concepto. También insistió en que debía conectar el entorno espacial con las actividades del usuario y definir con mayor precisión quién era este último, qué hacía en el lugar y cómo se relacionaba con los diferentes espacios: talleres, áreas de circulación, zonas habitables y equipamientos en general. Finalmente, me recalcó la importancia de argumentar el porqué de las aperturas y su disposición, es decir, no solo mostrar dónde se ubicaban sino justificar sus orientaciones, dimensiones y su relación con la luz, las vistas o la topografía.


Este proceso de avanzar desde la observación del territorio hasta la construcción de un modelo abstracto ha sido un aprendizaje muy significativo. Comprendí que el acto de proyectar no se limita a la creación de una forma o a una solución estética, sino que implica una lectura atenta del lugar, una interpretación sensible de sus dinámicas y una búsqueda constante de coherencia entre el concepto, el usuario y el contexto.

Al inicio, me costó bastante unir mis dos ideas principales: por un lado, la noción de modularidad, y por otro, la expansión irregular del espacio. Con el tiempo, sin embargo, entendí que ambas estaban profundamente relacionadas con la experiencia del recorrido y la percepción del entorno. De esa relación surgió una nueva manera de entender mi concepto, que busca expresar la interacción entre el movimiento del cuerpo, el paisaje circundante y la apertura gradual hacia la ciudad.

Mirando hacia atrás, este proceso ha sido mucho más complejo de lo que imaginé al inicio. Pasar de observar el territorio a representarlo a través de una idea espacial me obligó a pensar con mayor profundidad en lo que significa proyectar. Antes veía la arquitectura como un ejercicio de forma, pero ahora entiendo que es sobre todo una manera de leer el contexto y de responder a él desde la sensibilidad y la coherencia.

En un principio me costó vincular mis ideas. Sentía que la noción de modularidad iba en una dirección, mientras que la idea de expansión irregular iba hacia otra. Sin embargo, después de varias reflexiones y correcciones, comprendí que ambas podían convivir. La modularidad ofrece orden, pero la expansión introduce libertad; juntas, permiten que el proyecto respire y se adapte. A partir de ese diálogo interno comencé a reconocer que mi propuesta trataba, en el fondo, sobre cómo los espacios se abren y se cierran según las relaciones humanas que los habitan.

Definir un usuario específico fue un punto muy difícil para mí, ya que  no se trataba solo de construir un objeto en el paisaje, sino de imaginar un entorno que potencie la autonomía, la cooperación y la visibilidad de quienes muchas veces no tienen un espacio propio. Esa decisión cambió completamente la forma en que entendí mi proyecto y creo que poco a poco lo entendo más. 

Siento que este primer tramo del proyecto me ha dejado con una base conceptual más sólida que el semestre pasado no había acabado de entender y con una mirada más crítica sobre mis propios procesos. Más que diseñar un objeto, estoy aprendiendo a construir un pensamiento que conecte lo físico con lo social, y lo individual con lo colectivo. Si algo me llevo de estas semanas es que proyectar no es solo imaginar espacios, sino comprender las relaciones que esos espacios pueden generar.

Comentarios

Entradas populares